El Apocalipsis. Advertencia, esperanza y consolación. Autor: Michael D. O’Brien

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Estoy leyendo correctamente los signos de los tiempos? ¿Hay características en nuestro mundo actual que son claramente apocalípticas y sin precedentes? ¿Estoy preparado espiritualmente si esta generación demuestra ser la predicha por los profetas, los apóstoles y el Señor mismo? ¿Estoy «despierto», como Jesús nos exhortó a estar en todo momento?
Más conocido por tratar temas apocalípticos desde una perspectiva de ficción (recuérdese el popularísimo Padre Elías y la saga de los Hijos de los últimos días) Michael D. O’Brien nos ofrece ahora en un librito corto pero enjundioso –de género más ensayístico–, una muestra de la abundante reflexión acerca de los últimos tiempos que subyace a sus entretenidas novelas.
La cosa no es baladí, pues es difícil encontrarse entre las publicaciones cristianas una reflexión serena acerca de estos temas escatológicos. Bien porque se huya la reflexión, bien porque no sea precisamente serena. Lo que el autor llama la psicología de la negación y la psicología de la histeria son dos tentaciones diseñadas para que no recibamos el mensaje revelado acerca de los últimos tiempos, pero que él mismo consigue soslayar con acierto. ¿Estamos viviendo tiempos apocalípticos? Así de claramente empieza el primer capítulo del texto y muy clara es también la respuesta: Sí. A continuación, se explica cómo hay que entenderla con frecuentes citas de la Sagrada Escritura, el Catecismo de la Iglesia, las encíclicas de los papas y las reflexiones de pensadores cristianos de nuestra época.
Todo el primer capítulo es la transcripción de una conferencia del autor, en el segundo, los editores, con evidente acierto, han querido introducir también el turno de preguntas que le hicieron los oyentes. Se proponen así varias cuestiones concretas y que son abordadas y respondidas sin tapujos. Desde la cuestión del milenarismo, al papel providencial de Solidarnosc en la caída del comunismo. La lectura se hace amena a la vez que profunda. No se escuda en vaguedades.
El tercer capítulo nos introduce en una cuestión tremendamente práctica. En el contexto del Nuevo Orden Mundial, ¿cómo debe responder el cristiano? Se escudriñan varias opciones como la del “mal menor” y la del “utilitarismo”. Tristemente son las opciones más seguidas en nuestro tiempo, pero quizá nos valdría más, como Cristo, intentar ser “signos de contradicción”.
Quizá de otra manera, pero la cuestión se replantea en el siguiente capítulo. En los días de la Gran Apostasía, ¿de qué engaños se debe guardar el cristiano si quiere perseverar hasta el final? Intuitivamente se van describiendo estos obstáculos: la tibieza que embota el alma y hace que seamos arrastrados, el fariseísmo modernizado que introduce la dialéctica en la vida de la Iglesia cuando en realidad guarda su podredumbre bajo apariencias de virtud, el silencio y la parálisis de quienes viendo esa cola serpentina no se atreven quizás a combatirla.
Entonces ¿qué es lo que tenemos que hacer? La urgencia práctica de esta cuestión se impone continuamente. Es llamativo que uno de los debates más enjundiosos en los círculos católicos laicos de los últimos años se haya dado en torno a la cuestión de la opción. ¿Qué opción han de tomar los cristianos ante el hecho de una sociedad descristianizada? La –así presentada– como opción de san Benito (la de construir núcleos fuertes y en cierta medida aislados de vivencia reglada de la fe con la esperanza de que su influencia rehaga la civilización) ha suscitado una interesante polémica entre autores cristianos, que bien la han impugnado como tentación, o la han relativizado proponiendo otras opciones igualmente válidas. Quizá podemos decir que O’Brien nos señala, sin entrar en concreciones, que cualquier opción que quiera ser eclesial o cristiana debe seguir la opción de Cristo: la de ser signo de contradicción en medio de un mundo hostil.
Una de las virtudes del libro es saber combinar con acierto un atractivo conocimiento de la verdad revelada con una sugerente lectura de los signos de los tiempos misteriosos en los que vivimos. El resultado no es simplemente una reflexión piadosa de las verdades últimas ni agudos análisis sociológicos sino una sencilla y atractiva combinación de ambas cosas. Por otro lado, el indudable genio narrativo del autor adereza todas las reflexiones con preciosos ejemplos de la literatura universal lo cual hace muy poderosa la comunicación.
Son muy interesantes también –a la par que han sido desatendidas– las observaciones que rescata el autor de pensadores del calado de Gilson, Pieper, Dawson, Newman, de Lewis y Chesterton, de Ratzinger y Wojtyla. Como auténticos pensadores cristianos estos personajes han indicado en señaladas ocasiones algunos hitos y caminos de nuestros tiempos a la luz de la Revelación.
Al cerrar el libro de O’Brien fácilmente acabaremos abriendo el libro de san Juan. Para eso se nos dio el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, el cual, en atinadas palabras del canadiense, «la Iglesia, como la mayoría de los Padres de la Iglesia, cree que es una visión de la revelación total de la historia de la salvación después de la Encarnación, culminando en la victoria plena de Cristo sobre la totalidad del cosmos y su restablecimiento en el Padre. El libro de la Revelación no es un diagrama esquemático o un modelo llano o una línea de tiempo meramente lineal. Es una visión multidimensional misteriosa, que seguramente contiene aspectos lineales cronológicos, pero que no es la totalidad. Desde luego, no es lo principal.»
En efecto, un último capítulo hace una personal selección de textos de la Escritura para leer y meditar, palabras con doble filo que nos deben ayudar a discernir los signos de nuestro tiempo, tan difíciles y de lo cual el autor nos da un ejemplo sencillo y humilde muy de agradecer. En fin, un libro que como su propio título indica puede muy bien servirnos de advertencia contra el sueño del mundo, de esperanza frente al poder del diablo y de consuelo en estos tiempos de tribulación.

El Apocalipsis. Advertencia, esperanza y consolación.
Michael D. O’Brien
Homo legens 2019