Sorpresa en las elecciones australianas

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Las elecciones australianas, hasta ahora siempre tan previsibles, han dado al traste con todas las encuestas al concluir con la victoria de la coalición conservadora liderada por Scott Morrison, que se ha convertido en el primer presidente del gobierno presbiteriano del país.

Derrota de un laborismo volcado en leyes de ingeniería social

El Partido Laborista, favorito en todas las encuestas, se presentaba con un programa que incluía, como propuestas más destacadas, importantes subidas de impuestos para financiar políticas radicales en el campo energético y medioambiental para combatir el supuesto cambio climático. Durante la campaña, además, el candidato laborista, Shorten, atacó las convicciones religiosas de Morrison, acusándole de fanatismo e intolerancia respecto a los homosexuales por su posición contraria a los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Estos ataques han coincidido con la polémica por la suspensión de la estrella del rugby australiano, Israel Folau, también por sus declaraciones contrarias al matrimonio entre personas del mismo sexo. El caso Folau ha mostrado que la momentánea tolerancia con aquellos que siguen defendiendo el matrimonio ha dejado paso a una creciente presión para impedir cualquier muestra de disensión con la ideología de género, que viola abiertamente la libertad de expresar creencias religiosas. Los ataques a la religión de Morrison, el caso Folau y las intenciones de los laboristas de impedir que los colegios puedan exigir a sus docentes que no vayan contra el ideario del centro educativo, movilizaron a miles de cristianos preocupados por la creciente persecución a la que se ven sometidos (en muchos colegios privados se tomó la decisión extraordinaria de pedir a los padres que no votasen laborista).

Ideología de género contra patria potestad

El anuncio laborista de un plan para crear un Centro Nacional de Género que arrebate la patria potestad a los padres de niños con dudas acerca de su sexualidad hizo saltar todas las alarmas. Por último, la agresiva campaña de la diputada laborista Tanya Plibersek para extender el aborto gratuito en todos los hospitales públicos confirmó que una victoria laborista iba a significar un enorme paso para la imposición de leyes contrarias a la vida y a las libertades.
La suma de todas estas medidas, mayoritarias en ciertos ambientes urbanos, provocó la reacción del votante cristiano y de los electores del ámbito rural, que dieron la vuelta a todos los pronósticos. Aunque la marea de desprecio y persecución que se cierne sobre los cristianos australianos está lejos de haber sido revertida, al menos se ha podido contener.