El padre Mateo Crawley, SS.CC, promotor del Cerro de los Ángeles (III)

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En 1919 el padre Mateo se hallaba de nuevo en España preparando la Consagración nacional al Corazón de Jesús que él había promovido. A la vista del entusiasmo popular secundado por las autoridades, creyó que tan grandioso acontecimiento era signo del comienzo del cumplimiento de su promesa al padre Hoyos de reinado en nuestra patria, y, de acuerdo con el nuncio Monseñor Ragonessi, hizo sustituir la prevista leyenda en el fuste del monumento expresada en futuro: «Reinaré», por la del presente «Reino en España», y cambió la popular letra del «Corazón Santo, tú reinarás», por la de «Corazón santo, tú reinas ya».
El padre Mateo, la antevíspera de la Consagración en su conferencia preparatoria había dicho:

«El Monumento representa en forma genuina y auténtica el corazón de España. Las piedras podrán desmoronarse un día, pero nada ni nadie podrá demoler jamás el alma que ha levantado este altar, los hogares consagrados de toda la península».
Diecisiete años después, el primer viernes de agosto de 1936 la imagen del Corazón de Jesús era fusilada, y sus piedras no se desmoronaron, sino que fueron voladas con dinamita, por unos pobres milicianos que desconocían el verdadero sentido de su acción, testimonio de la pervivencia de la fe recibida de sus padres, aunque escondida en los recovecos del alma a la espera de la voz de Jesús que la haga revivir, pues sólo se fusila a quien se sabe está verdaderamente vivo.
Algunos consideran que este fusilamiento y voladura desmienten la virtualidad de la Consagración de tres lustros antes, pero, en perspectiva sobrenatural, fueron el detonante de la mayor gloria de la Iglesia de España en sus últimos tres siglos: los dos millares de mártires ya beatificados, que murieron con el grito de «¡Viva Cristo Rey!», última razón de su inmolación, expresada en la leyenda del monumento.

Preparación de la Consagración de España al Corazón de Jesús

El Secretariado de la Entronización de Madrid, secundado por todos los de la Península, lanzó y organizó la suscripción nacional y recogió las aportaciones de todas las clases y estamentos sociales a fin de que el Monumento fuera realmente levantado como un plebiscito «para pedir el reinado del Corazón de Jesús en España». Se abrió una suscripción popular que creció rápidamente gracias al activo celo de los padres Mateo Crawley y Calasanz Baradat de los SS.CC, que recorren España entera, y de los padres franciscanos. Para que todos puedan contribuir, las cuotas van desde 5 cts., la perra chica, a una peseta, y así, cuando el Rey consagre España al Corazón de Jesús, consagrará los corazones de todos los españoles. Se lanza la idea de que los más pudientes paguen una piedra, –costaba 150 ptas– en la que se esculpiría el nombre del donante. El álbum con sus firmas queda depositado en un cofre al pie del monumento.
El embajador del Perú ante la Santa Sede, conde de Guaqui, Don Juan Mariano de Goyeneche, donó 50.000 ptas. para costear la estatua. Cuenta el padre Mateo que al agradecérselo días después, su paisano, el conde le dijo: «no sé por qué no se me pidió que donara en vez de una estatua de piedra una de bronce, que hubiera sido más digna del Corazón de Jesús en España; hubiera costado diez veces más, pero la habría regalado gustosísimo».

Triduo de preparación de la Consagración en San Jerónimo el Real

Se le encomendó al padre Mateo que los días 27, 28 y 29 de mayo, previos al de la Consagración, predicara un solemne triduo de preparación en la iglesia más amplia de Madrid, la de San Jerónimo el Real, y con su fogoso e inspirado verbo enardeció a la multitud que abarrotaba sus naves anunciándoles que el Cerro iba a ser el Tabor de los españoles. Sus palabras, transcritas taquigráficamente, están publicadas en el libro «Jesús, Rey de Amor», y de él transcribimos algunos de sus párrafos.

Primera conferencia, 27 de mayo de 1919: El reinado íntimo del Corazón de Jesús en las almas por la Eucaristía

En la primera de las conferencias del triduo, pronunciada el martes 27 de mayo, trató el tema del reinado íntimo del Corazón de Jesús en las almas por la Eucaristía, comenzado así: «El viernes próximo seremos testigos de un hecho que sorprenderá profunda y gratísimamente al mundo católico, pero que irritará violentamente al campo adverso. España dará como nación, oficialmente, un valiente, un sublime escándalo de gloria, reconociendo solemnemente la realeza divina de Nuestro Señor Jesucristo. Y en testimonio irrecusable de ello entronizará con honra y majestad la grandiosa estatua del Corazón divino de Jesús en el Cerro de los Ángeles con asistencia oficial, y previo el plebiscito elocuente de los hogares españoles».
Se preguntaba: «¿Reinará Jesús o será nuevamente clavado en un patíbulo por haber osado proclamar los derechos de su Divina Realeza en pleno siglo del liberalismo?»
Comparando luego la situación actual con la de Jesús ante Pilatos, el padre Mateo pregunta a sus oyentes:

«¿Reinará Jesús o será nuevamente clavado en un patíbulo por haber osado proclamar los derechos de su Divina Realeza en pleno siglo del liberalismo?» En ese instante de suprema angustia Jesús vuelve su Corazón y sus ojos arrasados en llanto a España, y con mirada de amor y dolor inefable, con voz suplicante le dice:
«España de mis amores, todos me han abandonado, y muchos se han pasado al bando que reclama mi sangre y mi trono. Y tú, ¿me dejarás también? Por primera vez en tu historia, tú, España, tierra de mi Madre ¿me negarás también? ¡Respóndeme!»
«La respuesta es ver a España entera, con su Rey a la cabeza, que llega entonando “Cantemos al amor de los amores, cantemos al Señor”, y “Corazón santo, Tú reinas ya”, y ante el sanedrín atónito de gobernantes, verdugos y naciones cómplices, el Rey católico y España-Nación convierten el patíbulo en trono, y el Calvario en Tabor de Jesucristo Rey.
»Levántate, pues, España; viste tus mejores galas de reina y sal al encuentro de tu Rey y Señor que viene, enamorado, a ratificar solemne y públicamente la donación que te hace de su adorable Corazón, agradecido al trono de gloria que le brindas en horas de universal apostasía».

Segunda conferencia, 28 de mayo de 1919 «Jesús dijo en Paray-le-Monial: ¡Reinaré por mi divino Corazón!»

Comenzó la exposición del siguiente día, sobre el reinado social de Jesús por la cristianización de la familia, preguntándose:
«¿Que significa ante Europa y el mundo este doblar la rodilla del pueblo español el día de san Fernando en la persona de su monarca?… Es la más solemne reparación ante el más grave y público de los atentados contra Dios: la apostasía oficial de las naciones. España gritará esta palabra más verdadera y oportuna que nunca: Mal que pese al infierno, Jesús, sólo tú eres Señor de señores».
«Jesús dijo en Paray-le-Monial: ¡Reinaré por mi divino Corazón!… pero –preguntaréis– ¿y sus incontables enemigos? pues por promesa del Señor, reinará a pesar de todos ellos, sea dispersándolos, como la paja aventada por el viento, sea convirtiéndolos por la omnipotencia de su misericordia infinita.»
Terminó pidiendo a su auditorio que de rodillas le acompañara en esta su plegaria en nombre de España: «Jesús Sacramentado, en presencia de la Reina Inmaculada y a la faz del Cielo que te adora, en este cielo del sagrario, en reparación solemne del gran pecado de apostasía social de los que callan, de los que otorgan, de los que tiemblan, de los que olvidan, de los que traicionan, de los que persiguen, nosotros, tus amigos, tus apóstoles, queremos reconocerte pública y socialmente, en nombre de nuestros hogares, como el único Señor y Maestro, y como la fuente única de todo poder, de toda virtud, de toda verdad, de toda belleza.»
Terminó su conferencia diciendo: «En esta hora solemne, Jesús, pon atento tu adorable Corazón al clamor de adoración de tus hijos que, en nombre de España, te dicen:

«No reconoceremos un orden social sin Dios; ¡la base del orden social es tu autoridad, Jesús!», afirmación que pedía repitiera la multitud de oyentes que abarrotaba el templo.
No reconoceremos las mentidas leyes de un progreso sin Dios; ¡La ley del verdadero progreso es la tuya, Jesús! (todos)
No reconocemos las utopías de una civilización sin Dios; ¡El principio civilizador es tu doctrina, Jesús!“ (todos)
No reconocemos una ficción de justicia antojadiza sin Dios; ¡La justicia integral eres Tú, Jesús! (todos)
No reconocemos una libertad en oposición a Dios; ¡El único libertador eres Tú, Jesús! (todos)
No reconocemos una fraternidad sin Dios; ¡La única fraternidad de amor es tu obra, Jesús! (todos)
No reconocemos autoridad alguna en contra de Dios; ¡El fundamento de la autoridad es tu ley, Jesús!(todos)
No reconocemos, en fin, un amor que olvide u ofenda a Dios; ¡El amor increado eres tú, Jesús!(todos)
¡Corazón divino de Jesús, venga a nos tu reino!Amén.
La primera verdad que hoy precisamos conocer es que Jesucristo es Rey, y que su realeza es social.»

Tercera conferencia, 28 de mayo de 1919. La primera verdad que hoy precisamos conocer es que Jesucristo es Rey, y que su realeza es social

Mañana, viernes, veremos el triunfo espléndido del Señor en el Tabor que Él mismo se ha elegido en tierra española… con ello quiere alentar a los tímidos, reavivar la fe de muchos de sus amigos desanimados, como los discípulos de Emaús. ¡Son tantos los buenos, pero pobres de fe, y más pobres aún de amor y de confianza que han desmayado en la lucha ante la insolencia aparentemente victoriosa de la impiedad, y el silencio –siempre fecundo– del Señor que parece dormitar en la barca del Sagrario, pero cuyo Corazón vela amorosamente!.
»La primera verdad que hoy precisamos conocer es que Jesucristo es Rey. Y que su realeza es social. Y digo social porque no puede seguir siendo el Rey de vergüenza que tantos tímidos pretenden, Rey oculto en el fondo del Sagrario, Rey sin vasallos ni dominios, Monarca olvidado en el polvo de la sacristía. ¡No! Si es Rey en su Eucaristía debe irradiar como un Sol, dominando desde la Hostia la sociedad y el mundo. No sólo el fuero interno y el secreto de la conciencia, sino también y claramente la conciencia pública y la vida social y nacional.
»La constitución social de España la forman, sobre todo, dos piedras de granito que son: el hogar cristiano y la escuela confesional católica, que son los manantiales que surten de vida cristiana al pueblo español… Pero ¡velad, españoles, porque el enemigo está al acecho! La hermosura moral de vuestro pueblo está provocando la cólera satánica de la hidra que acecha y quisiera morder con mordedura mortal el corazón de España…y el enemigo está dentro de la plaza…
»¿Cuál será la exclamación vibrante de cuantos estemos mañana presentes en el Cerro de los Ángeles o en los templos grandes y pequeños de España entera? Terminó exhortando a que todos en voz alta repitieran con él: “¡Queremos que Jesucristo reine sobre nosotros! Sí, ¡Es preciso, urge, que Cristo reine!… ¡Venga a nos tu reino!”
»Los reyes y gobernantes podrán conculcar las tablas de tu Ley, pero al caer del sitial del mando a la tumba del olvido, tus súbditos seguiremos exclamando: ¡Viva tu Sagrado Corazón!» (todos)
»Los legisladores dirán que tu Evangelio es una ruina y que es deber eliminarlo en beneficio del progreso, pero al caer despeñados en la tumba del olvido, tus adoradores seguiremos exclamando: ¡Viva tu Sagrado Corazón!» (todos)
»Los malos ricos, los altivos y los mundanos dicen que tu moral es de otro tiempo, que tus intransigencias matan la libertad de conciencia, pero al confundirse con las sombras de la tumba, tus hijos seguiremos exclamando: ¡Viva tu Sagrado Corazón!» (todos)
»Los heraldos de una civilización materialista, lejos de Dios y en oposición al Evangelio…morirán un día envenenados por sus maléficas doctrinas, y al caer a la tumba maldecidos por sus propios hijos, tus consoladores seguiremos exclamando: ¡Viva tu Sagrado Corazón!» (todos)
»¡Oh!, sí, que viva! Y al huir Luzbel, el ángel de tinieblas, de los hogares, de las escuelas, de los pueblos, al hundirse eternamente encadenado a los abismos, tus amigos seguiremos exclamando: “¡Viva tu Sagrado Corazón!“ (todos)“¡Viva en el triunfo de tu Eucaristía y de tu Iglesia! ¡Viva por siempre tu Sagrado Corazón!“(todos)
“¡Corazón divino de Jesús, venga a nos tu Reino! Amén”. (todos)».