Gente de la luna

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Han corrido, corren y correrán ríos de tinta sobre la crisis que vive la Iglesia. Y de todo hay en este torrente de noticias, comentarios y reflexiones. Pero nos ha llamado la atención lo que escribe Pasquin en su columna en L’Homme Nouveau de septiembre. puede ayudarnos y arrojar luz, aunque sea lunar:
«¿Por qué estoy todavía en la Iglesia?, se preguntaba en 1970 el profesor de la cátedra de Historia del dogma de la universidad de Ratisbona, un cierto Joseph Ratzinger. Él no sabía obviamente, en ese momento, que sería cardenal, luego papa e incluso papa emérito. Él tampoco sabía que la Iglesia en este mundo se iba a enlodazar más, cayendo en toda bajeza humana, ni que los ataques internos y externos se intensificarían […]
¡La respuesta del profesor Ratzinger fue lunar!
Sí, la luna como misterio de la Iglesia o a la inversa.
El astro en cuestión ilumina la noche no con su propia luz, sino por la refracción del sol y es por eso que la luna es símbolo de la Iglesia. Desde los años sesenta, algunos astronautas la han podido ver de cerca y sólo descubrieron cráteres, grietas, sombras, frío, oscuridad, nada. Sin ningún interés y ya nadie va allí. Y sin embargo, cada noche brilla la luna con la luz de otro.
No hay que ser adivino para anunciar que estamos entrando en un período de turbulencias para la Iglesia. El peligro para todos nosotros es convertirnos en astronautas eclesiales o escuchar solamente a los Neil Armstrong del Vaticano. Expertos en grietas, en la oscuridad, en fosas, en frío, en el vacío sideral, en bombardeos de meteoritos, a fin de cuentas expertos en superficie. Nuestra Iglesia en dificultad no necesita de cristianos que nieguen la realidad, ingenuos, en la luna, pero tampoco hay necesidad de cristianos que sólo vean la superficie lunar.
Ojalá todos aquellos que tienen el deber de escribir, hablar, bloguear sobre estos temas tan candentes se pregunten antes si miran a la luna-Iglesia desde el punto de vista de los Reyes Magos o del de Gagarin. Para los demás, constatamos que a pesar del polvo lunar, todas nuestras noches están iluminadas: Credo».