Las principales revoluciones universitarias de 1968

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La revolución estudiantil del 68 no fue un hecho aislado que sucedió en París, aunque sí el principal, sino que el movimiento fue un hecho más trascendental y fueron muchas las ciudades de muy diversos países las que sufrieron las revueltas estudiantiles. En muchos casos estos movimientos degeneraron en acciones violentas de terrorismo. Destacaremos algunos.
En Alemania hubo hechos tumultuosos en las universidades de Frankfurt, Berlín y Tubinga, también en la universidad de Viena, en Austria. El movimiento iniciado en abril de 1968, alentado por la Sociedad de Estudiantes Socialistas, pretendía acabar con el dominio mundial del capitalismo y con la sociedad represiva. Su principal dirigente era Rudi Duschke, amigo y asociado de Daniel Cohn-Bendit, que dirigía las movilizaciones de París. Su primer ataque directo fue con cócteles Molotov contra un supermercado de Frankfurt, para protestar contra la guerra del Vietnam. Tras la detención de Duschke, y por su causa, nació la banda terrorista de Baader-Meinhof, denominada Fracción del Ejército Rojo, que meses después atentó contra las instalaciones de la OTAN y asesinó al presidente de la Democracia Cristiana en Berlín.
Los sucesos en Italia siguieron una trayectoria parecida al movimiento de nueva izquierda, relacionada con el pensamiento de Gramsci. Esta revuelta no tuvo lugar en primavera sino en un otoño caliente, con ocupación de las universidades de Bolonia, Milán y Venecia. Estos movimientos estudiantiles degeneraron con grupos de acción directa con principios trotskistas o maoístas, de donde nacieron las Brigadas Rojas a partir de un movimiento estudiantil de la universidad de Trento en 1969. Durante los años siguientes en Italia se sucedieron varios atentados brigadistas.
Los incidentes más graves se registraron en Méjico. Los hechos comenzaron el 27 de agosto, cuando los estudiantes, ayudados por el Movimiento obrero tomaron el Zócalo, plaza central de la capital mejicana. Méjico estaba en vísperas de albergar los JJ.OO., que se inauguraban en octubre. El ejército ocupó la Universidad Autónoma de Méjico, principal foco de contestación, donde realizaron muchas detenciones. La violencia fue aumentando, los estudiantes quisieron liberar a los presos de las prisiones y fueron rechazados por la policía y el ejército. Para protestar contra la represión se organizó una gigantesca manifestación en la plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco y para asegurar el orden se dispuso un fuerte dispositivo militar. Nadie sabe quién inició los disparos pero el hecho es que los militares y el Batallón Olimpia, paramilitares dispuestos a defender la celebración de los JJ.OO., se encarnizaron en una lucha que dejó más de 200 muertos. Lógicamente no se produjeron más desórdenes, pero el ambiente de tristeza que dejó este hecho se reflejó en los JJ.OO.
También en los países del mundo comunista se produjeron revueltas estudiantiles. En 1968 la policía en Rumanía las sofocó; en Polonia, con motivo del milenario de la cristianización del país, en marzo de 1968, los estudiantes cristianos pidieron la libertad de la Iglesia, pero el gobierno, presidido por Gomulka, los reprimió.
En la vecina Checoslovaquia, ocurriría un hecho completamente distinto, los movimientos reformistas, entre los que se situaban los intelectuales y los universitarios, solicitaban un comunismo menos rígido y más abierto a las inquietudes de la gente. El presidente Novotny trató de reprimir esta corriente, pero al crecer esta contestación presentó la dimisión, ascendiendo al poder un comunista más moderado, Alexander Dubcek. Comenzó una política de reformas, sin abdicar de los principios marxistas, levantó la censura de prensa y aparecieron periódicos y revistas de diversas tendencias. El programa de Dubcek se llamó un socialismo de rostro humano. El cambio era notable y se podía ver que el camino emprendido por Checoslovaquia podía llevar a un país plenamente libre y democrático. Tras una visita del presidente ruso Leónidas Bezhnev, que intentó disuadir a Dubcek de seguir adelante en las reformas sin conseguirlo, en el mes de agosto de 1968, las tropas del Pacto de Varsovia invadieron el territorio checo. En cuarenta y ocho horas toda Checoslovaquia quedó ocupada militarmente, prácticamente sin lucha, pues el ejército checo se negó a ello. Tras esta invasión los estudiantes checos reiniciaron manifestaciones masivas en apoyo de Dubcek, pero se le obligó a dimitir en abril de 1969, siendo sustituido por el «ortodoxo» Husak. Los estudiantes continuaron sus manifestaciones y uno de ellos, Jan Palach, se inmoló quemándose vivo. La Primavera de Praga de 1968 fue un símbolo, pero su liberación no llegaría hasta veinte años más tarde.
En Japón, los estudiantes participaron intensamente en las dos olas de protesta social que abrieron y cerraron la década de 1960. Se conocen como Ampo 1960 y Ampo 1970 por oposición al Tratado de Seguridad entre Japón y Estados Unidos o Ampo. Las protestas estudiantiles de finales de los sesenta que precedieron al Ampo 1970 fueron mucho más extensas, complejas y violentas que las del Ampo 1960 y penetraron profundamente en las universidades japonesas, pero han recibido mucha menos atención por parte de los investigadores. En ellas hubo enfrentamientos, incluso entre estudiantes, con personas muertas y muchos heridos y más de trece mil estudiantes detenidos.