El éxodo ignorado de los kachin

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Birmania no suele ser foco de atención: atrapada en un conflicto civil desde hace años, las atrocidades que se cometen allí apenas son noticia. La única excepción fue el clamor internacional en favor de los rohinya, la etnia de religión musulmana expulsada de sus tierras y en favor de la cual alzaron su voz los más destacados líderes mundiales.
No ha ocurrido lo mismo con los miembros de otra etnia, los kachin, del norte de Birmania, víctimas de la escalada de violencia entre el ejército birmano y los rebeldes independentistas, lo que ha provocado que más de 7.000 personas se hayan visto obligadas a abandonar sus hogares.
Como ha explicado Mons. Francis Daw Tang, obispo de Myitkyina, a la agencia Fides, «a principios de abril el ejército ha reforzado sus ataques en la región fronteriza con China. Numerosos pueblos han sufrido estos ataques, provocando la huida de civiles. Son numerosos los que llevan varias semanas en la jungla, sin comida y sin poder regresar a sus hogares por miedo a que los consideren colaboradores de los rebeldes». Algunos de estos desplazados están llegando a poblaciones más alejadas del frente, entre ellas Myitkyina, la capital del estado, donde ya se encuentran 4.000 refugiados.
Una «crisis humanitaria» de libro que, sin embargo, no ha recibido la atención que sí consiguieron los rohinya. Quizás tenga algo que ver en este trato diferente el hecho de que los kachin no son musulmanes, sino cristianos.