Hora Santa

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El papa Pío XI, en la encíclica Misserentissimus Redemptor, recordaba el deber de todo cristiano de tributar al Sacratísimo Corazón de Jesús aquella satisfacción honesta que llaman reparación, reparación que el mismo Jesús recomendó realizar a santa Margarita María de Alacoque mediante la práctica de la comunión reparadora y la Hora Santa.
Hablando de Getsemaní, el Corazón de Jesús le dijo a santa Margarita María: «Aquí es donde sufrí interiormente más que en todo el resto de mi pasión, al sentirme totalmente abandonado por el Cielo y la tierra, cargado con todos los pecados de los hombres… Y para unirte a mí, en la humilde oración que presentarás a mi Padre en medio de todas las angustias, te levantarás entre las once y la medianoche para postrarte durante una hora, conmigo…». A la luz de este mensaje, muchos hombres y mujeres se han adherido desde entonces a la práctica de esta devoción, fundándose cofradías por todo el mundo.
Entre ellas se encuentra la Cofradía de la Hora Santa de Getsemaní, instituida el 6 de abril de 1933 por disposición del Custodio de Tierra Santa precisamente en el mismo lugar donde Jesús vivió aquella hora «terrible y maravillosa», custodiado actualmente por los hijos de san Francisco. Y con el fin de promover esta práctica por todo el mundo, los franciscanos de Tierra Santa han puesto en marcha una página web (http://www.horasancta.org) en la que invitan a todos los fieles a unirse espiritualmente en Getsemaní, en aquel «lugar amado por Jesús, donde venía a menudo con sus discípulos». «Es justo aquí, en este lugar llamado Getsemaní, donde celebramos la Hora Santa cada primer jueves de mes a las 20:30 h (hora local). Aquí, aquella noche, sucede, se cumple aquella Hora… bajo la misma luna. En los Evangelios se condensa y narra con todo detalle lo que presenciaron los olivos: al Hijo de Dios, al Maestro, solo, postrado rostro en tierra, sudando sangre y orando al Padre. Nunca Jesús se mostró más humano. Por lo tanto, es “noche”, “lucha”, “soledad”, “oración”, “deseo” y “oblación” lo que Jesús vive aquí… Todo esto indica que se acerca su Hora, el momento en que Él expresa con intensidad su profundo deseo de amar y compartir: “Quedaos aquí, velad y orad conmigo”. Al volver a escuchar esta invitación del Señor logramos comprender que lo que el Maestro pidió a sus discípulos de entonces es… lo mismo que nos pide también hoy a nosotros… Así que, como entonces… ahora.»
«Estar con Jesús en esa Hora es el regalo más grande. Y a quien quiere participar en esta cita la Iglesia le concede indulgencia plenaria cada vez que participa en la Hora Santa, con la condición de acercarse a la confesión y recibir la Eucaristía el jueves o viernes por la mañana, recitando cinco veces el padrenuestro, avemaría y gloria, en una iglesia o capilla pública, conforme a la intención del Sumo Pontífice. Además, cada primer jueves de mes, por disposición del Padre Custodio de Tierra Santa, se celebra una misa en la basílica de Getsemaní para los inscritos, que obtienen beneficio, en comunión con este santo lugar, de las oraciones de los franciscanos de Tierra Santa».