Condena por blasfemia en Indonesia

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Indonesia, el país del mundo con mayor población musulmana (de sus 245 millones, el 88% pertenecen a esa religión, mientras que el 9% son cristianos), se suele considerar como la prueba de que es posible un islam tolerante capaz de convivir y respetar a otras religiones. Así ha sido a grandes rasgos (con la notable excepción de la isla de Aceh, donde rige la sharia, la ley islámica) hasta ahora.
Los últimos sucesos parecen indicar que, tras una tregua más o menos larga, se vuelve a cumplir la inexorable ley histórica por la que el Islam, cuando es mayoritario, acaba siempre restringiendo la libertad de los no musulmanes.
La más reciente vida política indonesia ha estado marcada por un personaje, Basuki Tjahaja Purnama, más conocido por su sobrenombre Ahok, el popular gobernador cristiano de Yakarta, que contaba con una intención de voto de casi el 75% el pasado octubre, pocos meses antes de las elecciones en las que esperaba renovar su cargo. No ha ocurrido así: con el 42 % de los votos, Ahok ha sido derrotado por su rival, el musulmán radical Anies Baswedan, que ha obtenido el 58% de los sufragios y que entre sus promesas incluye convertir Yakarta en «zona económica halal», en la que cualquier servicio, desde los restaurantes a los hoteles, desde los comercios a los bancos, será conforme a las reglas islámicas. ¿Qué ha podido ocurrir para que se haya producido este vuelco en los apoyos electorales?
Una dura campaña, calificada por el Yakarta Post como la más sucia, radicalizada y controvertida, que ha pivotado sobre la acusación de blasfemia contra el gobernador Ahok. La clave de su derrota hay que buscarla en las declaraciones en las que Ahok osó citar el Corán a pesar de ser cristiano. Lo hizo a finales del año pasado, cuando en un encuentro con pescadores, declaró que había quien no le votaba debido a un versículo del Corán. Se refería a versículo 51 de la quinta sura, que dice así: «oh, vosotros, creyentes, no toméis como aliados a judíos o a cristianos». Este versículo, según muchas interpretaciones, prohíbe a los no musulmanes acceder al gobierno en un país musulmán. El comentario, difundido a través de un video en youtube, se hizo viral y le costó a Ahok una denuncia por blasfemia. Y a pesar de que el juicio se fijó para después de las elecciones, el impacto en las mismas ha resultado devastador. Las manifestaciones masivas en contra del «blasfemo» no esperaron a la sentencia, como tampoco lo hizo el Consejo indonesio de ulemas, que emitió un decreto prohibiendo a los musulmanes votar por un no musulmán.
Finalmente, tras ser derrotado en las urnas en abril, Ahok ha sido sentenciado el 9 de mayo a dos años de prisión pues los jueces no se han podido desvincular de la presión y las amenazas de los grupos islamistas más radicales que han rodeado persistentemente los juzgados donde tenía lugar el juicio.