Un santo para el Año calasancio

Email this to someonePrint this pageShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+

El pasado 27 de noviembre, festividad de san José de Calasanz, daba comienzo el Año jubilar calasancio con motivo de los cuatrocientos años del nacimiento de las Escuelas Pías como congregación religiosa y del 250 aniversario de la canonización de su fundador.
El papa Francisco quiso también hacerse presente en esta efeméride mediante un mensaje dirigido al padre Pedro Aguado Cuesta, General de los Padres Escolapios, en el que animaba a la familia calasancia no sólo a celebrar la extraordinaria historia de la Orden sino también a continuarla con entusiasmo, dedicación y esperanza «para gloria de Dios y utilidad del prójimo» con la seguridad de que, si bien las circunstancias en que nació la Orden no son las de hoy en día, las necesidades a las que responde siguen siendo esencialmente las mismas: los niños y jóvenes necesitan que se les distribuya el pan de la piedad y de las letras.
«El papa Pablo V, hace 400 años, –recordaba el Santo Padre– comprendió que era el Espíritu Santo quien guiaba a José de Calasanz a dedicarse a la educación de los niños que en aquel tiempo vagaban por las calles de Roma, y por eso erigió la “Congregación paulina de los pobres de la Madre de Dios de las Escuelas Pías” con la bula Ad ea per quae, como la primera congregación en la Iglesia dedicada exclusivamente a la educación de los niños y jóvenes, especialmente los más pobres. En el siglo pasado, Pío XII reconoció a su vez la importancia de su fundador, proclamándolo, con motivo del tercer centenario de su muerte y el segundo de su beatificación, patrono celestial de todas las escuelas públicas cristianas.
» Hoy más que nunca necesitamos una pedagogía evangelizadora que sea capaz de cambiar el corazón y la realidad en sintonía con el Reino de Dios.
» (…) Dijo san José de Calasanz: “El camino más corto y más fácil para ser exaltado al propio conocimiento y de éste a los atributos de la misericordia, la prudencia y la paciencia infinita de Dios, es el abajarse a dar luz a los niños y en particular a los que son como desamparados de todos, que por ser oficio a los ojos del mundo tan bajo y vil, pocos quieren abajarse a él”. De la misma manera que el Señor quiso poner la verdadera felicidad y dicha en la bajeza de la cruz, lo mismo ustedes, como consagrados, encuentren su plenitud y su alegría en el diario abajamiento entre los niños y los jóvenes, especialmente a los más pobres y necesitados. Ustedes no han sido fundados para otra grandeza que la de la pequeñez, ni para ninguna otra cima que la del abajamiento, que les reviste de los sentimientos de Cristo y les lleva a ser cooperadores de la Verdad divina y a hacerse niños con los niños y pobres con los pobres».
Y los escolapios han comenzado su Año jubilar calasancio a lo grande: con la noticia de la próxima canonización de Faustino Míguez (1831-1925), miembro de la congregación y fundador del instituto calasancio Hijas de la Divina Pastora. El pasado 22 de diciembre el papa Francisco autorizó el decreto que reconoce un milagro por su intercesión, además del martirio de 109 sacerdotes de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de la beata Virgen María víctimas de la persecución religiosa del siglo xx, y las virtudes heroicas de la monja mallorquina Sebastiana Lladó y Salam (1814-1899) y del laico del Opus Dei Isidoro Zorzano (1902-1943).