Los cristianos sirios refugiados en Líbano

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Ayuda a la Iglesia Necesitada colabora con bienes de primera necesidad y financia proyectos tan necesarios como el dispensario de «San Antonio» y el comedor «San Juan el Misericordioso», en Líbano.
«Necesitamos trabajar, necesitamos medicinas para mi marido y dinero. La única ayuda que tenemos es de la Iglesia, nos ha prestado esta casa y nos dan lo necesario.» Al mismo tiempo que pide lo que requiere para vivir, Sana, una madre de familia siria, también reconoce en estas palabras la ayuda que ha recibido desde que ella, junto a su hijo y su marido llegaron a la región libanesa de Qaa, hace seis meses. Ellos forman parte de los más de 1.172.000 refugiados contabilizados por Ayuda a la Iglesia Necesitada en ese país árabe.
Líbano afronta un enorme desafío. Es el país que más refugiados acoge con respecto a su población. La misma al finalizar 2014 era de 4.259.000 habitantes y desde entonces ha aumentado a unos 5.800.000. A pesar de ser una nación tan pequeña en extensión como la provincia española de Asturias, el pequeño estado ha mantenido sus fronteras abiertas para recibir a quienes se han visto obligados a abandonar sus tierras, en su mayoría procedentes de Siria.
Muchos de los refugiados se hospedan con familias que los acogen en algunas de las zonas más pobres de Líbano o permanecen en edificios públicos, incluyendo escuelas, lo que ocasiona preocupaciones, pues el año escolar comenzará en poco tiempo. La mayoría de las personas que están buscando protección en Líbano provienen de Homs, Alepo y Daraa y más de la mitad tienen menos de 18 años.
En 2011 Sana vivía en la ciudad de Rablah cuando empezó la guerra en Siria. Su marido fue herido en una mano y desde entonces no se ha curado y por tanto no ha podido trabajar. Como consecuencia de las hostilidades perdió a su hijo mayor, de 22 años, y el otro no podía ir a la universidad porque no les permitían salir. Estuvo un mes encerrada en su casa por miedo a los terroristas que tenían sitiado el pueblo. Debido a esta situación ella y su marido decidieron irse del país.
Estando aún al borde del colapso, la República Libanesa los recibió. Allí los refugiados, que son 183 por cada mil habitantes como refiere ACNUR, han sido autorizados a instalarse donde quieran y se les permite trabajar. Oficialmente el gobierno no admite los campos de refugiados, razón por la cual estas minorías perseguidas, que huyen de la violencia y el terror, se han establecido en distintas comunidades. Especialmente se asentaron en el valle de Bekaa, y en Zahle.
Muchos de los que hasta hoy se han registrado en esos lugares son cristianos sirios y ascienden a 250.000. Sin embargo hay quienes tienen tanto miedo que no se inscriben en los listados oficiales de Naciones Unidas, por lo que son refugiados invisibles. Casi todos se hospedan en casas de amigos y familiares o bajo el amparo de la Iglesia. Las viviendas disponibles están saturadas y los refugiados se están instalando en edificios públicos, incluyendo escuelas, garajes, todos estos lugares en malas condiciones. Mientras, hay quienes viven en alquileres que cada día son más costosos.
Ayuda a la Iglesia Necesitada los ha acompañado desde el comienzo de la crisis con bienes de primera necesidad como las bolsas de alimento, además de la subvención de alquileres de la vivienda para gran cantidad de familias. La ayuda de nuestros benefactores ha permitido también sostener proyectos como el comedor «San Juan el Misericordioso», al que acuden cada día cerca de 500 comensales. Desde niños a los que la guerra ha dejado huérfanos, hasta familias del mismo Líbano que han quedado sin recursos. Todo esto como consecuencia del conflicto en el país vecino por el cual miles de familias han emigrado.
Otro de los proyectos de esta fundación pontificia en favor de nuestros hermanos cristianos pero también musulmanes, refugiados sirios, iraquíes y libaneses, ha sido el dispensario de «San Antonio» en uno de los barrios más pobres de Beirut. En este consultorio las religiosas del Buen Pastor, médicos, enfermeras y voluntarios, atienden a ciento cincuenta personas al día, aunque a veces pueden llegar hasta quinientas personas. El dispensario de «San Antonio» es también un lugar donde los más necesitados encuentran consuelo a su sufrimiento espiritual.
El desbordamiento demográfico está conduciendo a la nación mediterránea hacia una crisis interna. La que antes era reconocida como la «Suiza de Oriente Próximo» debido a su desarrollo económico, ahora se encuentra desbordada. Sus recursos están al límite, las fuentes de agua se secan. Las infraestructuras se deterioran y hay cortes de electricidad diarios. La economía se mantiene en gran parte por el envío de remesas de la diáspora libanesa presente en países como Brasil y Estados Unidos. Los que aún permanecían en Líbano también han emigrado por el desequilibrio en que se encuentra la nación.
Los servicios de educación, incluidos los de catorce universidades de alto nivel, además de los de salud, ahora están bajo más presión. Ha disminuido el empleo y se ha desvalorizado la mano de obra tanto de los libaneses como de los sirios. El paro alcanza el 30%. Cientos de familias libanesas están más empobrecidas que las provenientes de Siria.
A esto se suma una tensión política que también es consecuencia del conflicto en Siria. Desde hace dos años Líbano ha estado sin presidente, si bien no es un lugar inseguro. El parlamento, en el cual cristianos y musulmanes comparten la mitad de los votos, no consigue la mayoría. Esto se debe a que los diputados chiítas de la organización terrorista Hezbulá, permanecen a la espera de los resultados de la guerra en el país cercano, para definir su postura. Por tanto está en riesgo el hecho de que la nación árabe mantenga a un presidente cristiano, condición que solo ellos poseen en la región.
Ante tal encrucijada económica, política y social que pone en riesgo el futuro de Líbano y de miles de cristianos refugiados, Ayuda a la Iglesia Necesitada, a través de obispos, religiosos y misioneros presentes en ese pequeño estado árabe, lleva la misericordia a los perseguidos por su fe y a los que sufren a causa de la guerra. Queremos hacer que todos ellos permanezcan firmes en la fe y puedan algún día regresar a su tierra para continuar dando testimonio del amor de Jesucristo.