En el mes del Sagrado Corazón de Jesús

El semanario católico de información Alfa y Omega encabezaba su edición del 2 de junio con la noticia de que «el Sagrado Corazón vuelve a los hogares» en referencia a la iniciativa llevada a cabo por la delegación de Pastoral Familiar del Arzobispado de Pamplona de promover la entronización en los hogares de la imagen del Corazón de Jesús como uno de los medios para alcanzar las bendiciones prometidas por el Señor a las familias que honraran su Corazón.
Y en verdad que esta devoción vuelve a estar cada vez más presente en la vida de la Iglesia, como vemos en los diferentes actos dedicados al Corazón de Jesús que se han llevado a cabo en todo el mundo durante el mes de junio, mes tradicionalmente dedicado al Sagrado Corazón.
Entre ellos queremos destacar la consagración al Corazón de Jesús realizada por la diócesis de Lyon el pasado 3 de junio en el marco del gran Jubileo de la Misericordia y que sigue la tradición iniciada años atrás por otras diócesis francesas de encomendarse especialmente a este divino Corazón.
El obispo de Lyon, cardenal Philippe Barbarin, presidió la celebración eucarística del primer viernes del mes de junio en la catedral de San Juan Bautista tras la que se realizó la consagración de la diócesis mediante una bella fórmula dividida en diferentes invocaciones para ser rezadas por los diversos miembros de la Iglesia. «Yo, –proclamaron todos los fieles–, doy y consagro a tu Sagrado Corazón mi persona, mi vida, mi inteligencia, mi memoria y mi voluntad, mis alegrías y mis penas, mi pasado, mi presente y mi futuro, para que todo lo que yo haga y viva, tanto las alegrías como los sufrimientos, sean para el amor y la gloria de Dios, para el advenimiento de su Reino de verdad, amor, justicia y paz en nuestro mundo». Los ministros ordenados y seminaristas dedicaron al Corazón de Jesús su formación y ministerio, solicitando del Señor la gracia de ser cooperadores de su obra de salvación. Los consagrados confiaron al Sagrado Corazón y al Inmaculado Corazón de María sus deseos y promesas de pobreza, castidad y obediencia, implorando su ayuda para desarrollar sus carismas propios. Las familias cristianas consagraron su vida cotidiana y oraron para llegar a ser auténticos «santuarios de amor y vida». Los jóvenes se entregaron también al Corazón de Jesús para obtener de Él un corazón semejante al suyo que les permita cumplir su voluntad en medio del mundo. Para acabar, monseñor Barbarin consagró la Iglesia de Lyon para que, disponiendo el Sagrado Corazón de todos y de todo con completo y total derecho, sea un signo del amor redentor del Corazón de Cristo entre los hombres y mujeres de la diócesis.