En defensa de la Semana Santa

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Una de las expresiones de fe más elocuentes de la Semana Santa es la vivencia de la piedad popular, cristalizada en las salidas procesionales de las hermandades y cofradías. En Córdoba, cada año son más las hermandades que deciden hacer su estación de penitencia transitando por el interior de la catedral, antigua mezquita. Este hecho, que va en aumento, se ha visto hasta ahora condicionado por una dificultad de orden práctico, y es que para que todas puedan realizar su entrada es necesario abrir una segunda puerta que no ralentice la salida y entrada de los cortejos procesionales. El proyecto de apertura de esta segunda puerta, que consistiría en la adaptación de una de las celosías que dan al patio de los Naranjos, cuenta con el visto bueno de técnicos y conservadores; pero desde algunas instancias de la Administración andaluza se demora su aprobación, que es imprescindible. A la polémica del proyecto «Segunda puerta» se suma la de la disputa artificial por la titularidad del templo: desde hace más de dos años, desde distintos sectores ideológicos se está llevando a cabo una campaña continuada que quiere poner en duda la titularidad eclesiástica de este singular templo. Una titularidad que la Justicia ha venido refrendando en distintas ocasiones.
En este contexto, el pasado noviembre la Agrupación de Hermandades de Córdoba, que representa a las 37 cofradías de penitencia de la ciudad, decidió en asamblea general un hecho inédito hasta la fecha: que todas ellas pasarían por la catedral durante su recorrido. En el comunicado emitido tras dicha reunión, la agrupación aclaraba que esta decisión unánime se adoptaba tras «los últimos acontecimientos que se han generado en torno a la catedral de Córdoba, y que van desde la puesta en duda de la titularidad del templo hasta la polémica de la celosía», aludiendo así a la apertura de la segunda puerta.
Desde el pasado Domingo de Ramos ya se produjo el desfilar de cruces de guías, nazarenos y pasos procesionales por la catedral, dejando estampas históricas. Algunas, las que pueden, entran en el interior del templo, y otras, las menos, sólo acceden al patio de los Naranjos. Todas con un mismo objetivo: mostrar su deseo inequívoco de incorporar a sus recorridos el paso por el templo catedralicio. Para hacerlo posible se ha realizado un considerable esfuerzo en la diócesis, adaptando los horarios de los cortejos de cada hermandad. También el cabildo ha adaptado el inicio de las celebraciones litúrgicas de la iglesia madre. El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en la carta semanal que dirige a sus diocesanos y que el Domingo de Ramos titulaba Semana Santa, todos a la catedral, consideró muy positiva esta iniciativa y recordó a los cofrades que «la catedral es su casa, la casa de la Iglesia, la casa de la comunidad cristiana».
En la misma línea se ha manifestado el delegado de Hermandades y Cofradías de la diócesis andaluza, el sacerdote Pedro Soldado, que en una entrevista concedida a diocesisdecordoba.tv ha puntualizado que no se trata de hacer política, sino de «reivindicar los derechos que tiene el colectivo de cordobeses que viven su fe integrados en las hermandades y cofradías». Una medida que, a tenor de la gran afluencia que han tenido las procesiones de estos días, ha sido muy bien acogida por los fieles y por todos los sectores de la sociedad cordobesa (Pablo Garzón/Alfa y omega).
Respondiendo a la llamada del Real Cabildo Superior de Cofradías, también en Murcia cerca de un millar de personas se congregaron frente al ayuntamiento el pasado mes de marzo al son de los tambores para defender las tradicionales procesiones de Semana Santa, expresión viva de la fe de un pueblo. La manifestación salía al paso de la moción presentada en el pleno municipal por el partido Cambiemos Murcia en la que se solicitaba que «no se promoverán, por parte del Ayuntamiento de Murcia, ritos ni celebraciones religiosas de ningún tipo, siendo todos los actos organizados por el consistorio exclusivamente de carácter civil».
El presidente del Cabildo Superior de Cofradías, Ramón Sánchez, explicó que dicha moción «atenta contra la libertad religiosa y el arraigo de nuestras cofradías y peculiar forma de celebrar la Semana Santa y afecta gravemente a la vida de las cofradías y a la manifestación de las procesiones, en cuanto que éstas constituyen una forma de religiosidad popular que forma parte del acervo cultural, patrimonial e intelectual de muchos murcianos; realidad que ignora la moción».