Razón del número

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El 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción se ha abierto el Año Santo de la Misericordia y como ha señalado el Papa con este inicio en fecha tan significativa la Iglesia proclama un vez más que «la misericordia de Dios es más grande que cualquier pecado y nadie podrá poner un límite a la misericordia de Dios que perdona».
Al recordar los largos avatares que precedieron a la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción por el papa beato Pío IX se constata que paralelamente a los esfuerzos de los teólogos para poder explicar adecuadamente esta verdad tan consoladora, el pueblo fiel no sólo profesaba esta verdad con firme convicción sino que además se juramentaba en muchos lugares, como en la Universidad de Barcelona, para defenderla con total entrega y devoción. Sin embargo hay que considerar providencial este largo periodo de gestación y que fuera justamente el siglo xix el momento oportuno para su definición. Justamente en un siglo en el que el espíritu racionalista se apoderó de la vida social y que se proclamara la autosuficiencia del hombre como único constructor del mundo y exclusivo protagonista de la historia, el dogma de la Inmaculada Concepción es una rotunda afirmación de la necesidad que tiene todo hombre de la gracia de Dios. En María Inmaculada contemplamos el triunfo radical de la gracia, y hasta dónde puede llegar el don gratuito y misericordioso de Dios restaurando lo que había sido herido por el pecado. Las palabras de san Pablo «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia» se ven realizadas en toda la obra de la redención. Pero donde sobreabundó la gracia, sin mácula de pecado fue en la Inmaculada. Como podrá leer el lector en este número: «María es concebida sin pecado original, para que nosotros fuéramos arrancados de la miseria del pecado y alcanzáramos la santidad que es nuestra verdadera vocación y destino».
Otro aspecto importante que subrayar es el que destaca el padre Ramière: la definición de la Inmaculada es una confirmación de las esperanzas de la Iglesia, lo que Dios ha hecho en María es un signo que nos anuncia la abundancia de gracias que Dios quiere derramar sobre los hombres, preparando el día en que todos los pueblo reconozcan a Jesucristo como único Señor y Rey de cielos y tierra.
Es motivo de gozo para nuestra revista recordar la fuerte tradición inmaculista de la ciudad de Barcelona, no sólo su universidad se comprometía en la defensa de la Inmaculada sino que la misma ciudad se acogió a su protección para librarse de los estragos de la epidemia de peste de 1651, ofreciéndoles las llaves de la ciudad.
Haciéndonos eco de la convocatoria del Año Santo de la. Misericordia hemos dedicado el presente número a reflexionar sobre distintos aspectos dogmáticos, espirituales e históricos del dogma de la Inmaculada Concepción de María. Tenemos el propósito de dedicar los próximos números de este Año Santo a glosar los diversos aspectos que el Papa trata en la Bula de convocatoria «Misericordiae vultus» a fin de que nos ayude a colaboradores y a lectores a vivir con intensidad y fervor este año de gracia.