Razón del número

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El año 1967 uno de los habituales colaboradores de nuestra revista desde su fundación Luis Creus Vidal iniciaba una larga serie de más de cincuenta artículos con el título de teología de la historia conmemorando los cincuenta años de los acontecimientos que transcurrieron en torno a 1917, es decir, sobre los años de la primera guerra mundial. Esta larga reflexión sobre una de las coyunturas más decisivas de la historia de la humanidad pone de manifiesto uno de los temas más centrales de nuestra revista: la teología de la historia. Se nos invitaba a contemplar «sub specie aeternitatis» cómo el mundo moderno se ha ido apartando de Dios, y cómo debe ser esto motivo para reafirmar nuestra esperanza en la misericordia divina. Hoy volvemos sobre estos mismos temas aprovechando la circunstancia del centenario de aquella Gran Guerra que se inició en 1914. Además de recordar brevemente algunos aspectos políticos e ideológicos que significaron la culminación de una época revolucionaria que se había iniciado en 1789 con la Revolución francesa, y tendría su consumación con la Revolución soviética de 1917, hemos querido dedicar nuestra atención a otros aspectos de aquellos años también muy significativos. En primer lugar recordamos al beato Carlos I, el último emperador de Europa. Su biografía es un ejemplo de una vida que, en medio de circunstancias políticas muy críticas para su país, dio testimonio de fidelidad a Dios. De igual modo también nos hacemos eco de la vida de su esposa la emperatriz Zita, en proceso de beatificación, que durante la vida de su esposo y después durante los largos años de exilio constituyó un recuerdo viviente de lo que habían sido los monarcas europeos en tiempos de la Cristiandad. Otro acontecimiento del que nos hemos ocupado y del que ahora se cumplen justamente cien años es el genocidio armenio, el primer genocidio europeo del siglo xx, más de un millón y medio de cristianos armenios fueron asesinados por un poder que unió el odio anticristiano de ciertos sectores islamistas con el nacionalismo más radicalmente laico de corte occidental. En nuestros días en que se recrudece la persecución de los cristianos en países islámicos y con la complicidad silenciosa del laicismo europeo el recuerdo de los mártires armenios tiene que ser motivo de esperanza para toda la Iglesia. El Papa actual en reconocimiento a la fe de este pueblo que a lo largo de toda su historia ha dado múltiples pruebas de su amor a Cristo, ha proclamado doctor de la Iglesia el pasado mes de abril a un santo armenio: san Gregorio Narek.
Cuando este número haya llegado a sus casas el Papa habrá canonizado a Luis Martin y Celia Guérin, los padres de santa Teresa del Niño Jesús, ceremonia que habrá tenido lugar al clausurarse el Sínodo de los obispos dedicado a las familias. Anunciamos a nuestros lectores que estos esperanzadores y gozosos acontecimientos eclesiales constituirán el tema del próximo número de la revista.