Razón del número

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En 1994 se celebró el sínodo extraordinario de obispos con el tema de la Iglesia en África, y como afirmaba Juan Pablo II en la exhortación apostólica postsinodal  «parece llegada la hora de África», refiriéndose al cambio histórico y eclesial que se ha dado en África en los últimos años: de ser tierra de misión ha empezado a ser también ella misionera. Como ha declarado recientemente el cardenal Sarah: «la Iglesia africana está llamada a desempeñar un importante papel en la Iglesia universal. La Iglesia en África responde profundamente al deseo de Dios. Él así lo ha querido desde su origen. Y, hoy en día, en el contexto de crisis profunda, cuando la fe se pone en duda y se rechazan los valores, creo firmemente que África puede aportar en su pobreza, en su miseria, los bienes más preciosos: su fidelidad a Dios, al Evangelio, su adhesión a la familia, a la vida, en un momento histórico en el que Occidente da la impresión de querer imponer valores opuestos».
Esta nueva situación eclesial es motivo de admiración y  acción de gracias viendo como el Espíritu Santo dirige la obra evangelizadora, y por caminos que sólo Él conoce la Iglesia va realizando a lo largo de la historia el mandato dado a los apóstoles: «Id y evangelizad a todos los pueblos».
Desde los primeros momentos del Evangelio el continente africano tiene un importante protagonismo al ser Egipto la tierra que acoge a la Sagrada Familia en circunstancias de persecución. Posteriormente, en tiempos del Imperio romano, la Iglesia del norte de África alcanza con san Agustín el momento más esplendoroso de su historia. La vida y especialmente la doctrina de este gran doctor de la Iglesia reflejan la vitalidad e importancia de aquellas comunidades recientemente evangelizadas que fructificaron también después de tiempos de persecución. A partir del siglo vii, la expansión del islam dejó a Etiopía aislada del resto de la cristiandad, como un islote cristiano en medio de una inmensa llanura musulmana y el resto de las comunidades cristianas, incluidas las de norte de África prácticamente desaparecieron. En el siglo xvi de nuevo África y las islas adyacentes son evangelizadas gracias a la labor descubridora de Portugal , pero su ámbito de expansión fue muy limitado, y es partir del siglo xix hasta la actualidad, cuando se realizará la gran evangelización misionera del África. En la actualidad las cifras hablan por sí solas. En 1910, el número de católicos en África (1.220.000) era menos del 1% del total de todo el mundo. Un siglo después, en 2010, la cifra se había elevado hasta alcanzar los 171.480.000 (el 16% de los católicos de todo el mundo). En nuestros días este crecimiento de la fe cristiana en África va unido nuevamente, en algunos lugares, con situaciones de extrema persecución. Los mártires no han faltado nunca a la propagación de la fe cristiana y África no ha sido a lo largo de su historia una excepción. Así lo atestigua su historia y la actualidad.
Esta realidad eclesial tan fecunda que contrasta de forma tan llamativa con la sequía espiritual de nuestro mundo occidental tiene que ser motivo de reflexión y de oración. Con esta intención hemos dedicado de forma monográfica las páginas de este número a la Iglesia en África.