Razón del número

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El haber llegado al número 1000 de la revista hemos querido recordarlo con el número programático del mes de noviembre y con los actos de celebración que tuvieron lugar en Barcelona los días 6 y 7 del pasado mes de febrero. De esta celebración nos hacemos extenso eco en este número con el fin de que nuestros lectores puedan también participar de unas jornadas especialmente gozosas para todos los que pudimos asistir. Asimismo hemos recibido numerosas adhesiones y bendiciones con dicho motivo. Son para nosotros todas ellas muy valiosas, tanto las que tienen su origen en distintos conventos de religiosas, (nos consta que leen la revista con verdadero aprovechamiento espiritual), hasta las que hemos recibido de la Jerarquía que confirman nuestro renovado propósito ignaciano de «sentir con la Iglesia». Todo ello ha constituido un motivo de intensa acción de gracias a Dios por el don de la perseverancia y fidelidad durante todos estos años y también de agradecimiento a tantas personas que han acompañado y acompañan a la revista durante todo este tiempo como colaboradores y lectores. Sin ellos la revista no existiría.
Nos atrevemos a hacer un comentario sobre una circunstancia que nos parece providencial. La fecha del 7 de febrero para la realización de los actos del aniversario fue elegida por motivos exclusivamente circunstanciales y de conveniencia común, sin embargo, una vez elegida la fecha nos dimos cuenta de que coincidía con un triple aniversario muy significativo para nosotros. En primer lugar en dicha fecha se cumplía el sexto aniversario de la muerte de nuestro querido y recordado maestro, amigo y antiguo director Francisco Canals: Su presencia entre nosotros no sólo es un recuerdo sino también llamada permanente a seguir siendo fieles al empeño apostólico que marcó toda su vida. En segundo lugar en un 7 de febrero murió el gran obispo de Vic Torras y Bages: su doctrina espiritual, su amor al Pontificado, su criterio sobre nuestra historia, han sido para Cristiandad una de las referencias más importantes que hemos querido seguir a lo largo de estos setenta años. Finalmente también en esta misma fecha celebramos la fiesta del beato Pío IX, un papa tantas veces incomprendido o despreciado por los historiadores y sin embargo tan fecundo para la Iglesia. A pesar de las muchísimas dificultades de todo orden que caracterizaron su largo pontificado, se multiplicaron los acontecimientos eclesiales de gran trascendencia: proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, aprobación para toda la Iglesia de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Concilio Vaticano I, el dogma de la infalibilidad pontificia, documentos tan importantes como la Quanta cura y el Syllabus y finalmente la proclamación de san José como patrono de la Iglesia universal. En esta manifiesta devoción josefina coinciden estos aniversarios. Canals con su tesis doctoral sobre san José y sus centenares de artículos dedicados a la propagación de la devoción josefina. El obispo Torras y Bages con sus numerosos sermones sobre el santo, doctrinalmente muy valiosos, y con su popularísimo y difundido Mes de san José. Dada esta coincidencia josefina y siendo el mes de marzo un mes dedicado a san José hemos querido darle también un contenido josefino a este número. A la omnipotencia suplicante de san José le encomendamos todo nuestro quehacer apostólico.