Los católicos de China, héroes de la fe

Email this to someonePrint this pageShare on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+

Me gustaría empezar afirmando que la situación de la Iglesia católica en China es de una complejidad enorme, es una situación muy difícil en la que se han de evitar a toda costa los juicios y las condenas.

China es dos veces más grande que Europa y tiene mil trescientos millones de habitantes (tres veces más que Europa), de los cuales doce millones son católicos.

El Gobierno de China, afirma que el derecho a la libertad religiosa está garantizado en su Constitución, pero la consecuencia del poder absoluto del Partido Comunista Chino (PCCh) es que exige que la religión se adapte a su política. Sólo se reconocen oficialmente cinco religiones: budismo, taoísmo, islam, catolicismo y protestantismo.

Por un lado el PCCh, reconoce el creciente interés de las religiones en el pueblo chino e incluso que la religión aporta elementos armónicos a la sociedad. Por ejemplo, en el caso de los católicos, existe la idea de «buen católico, buen ciudadano». También es verdad que en los últimos años la Iglesia goza, respecto del pasado, de mayor libertad. Pero, por otro lado, siguen interfiriendo con mano de hierro en el funcionamiento interno en nombre del patriotismo bajo el principio «amor a la patria, amor a la Iglesia».

El derecho a la expresión religiosa no pertenece al individuo, sino que lo otorga el Estado y sólo lo pueden expresar las personas registradas y en los lugares registrados por la Administración Estatal de Asuntos Religiosos (AEAR). Cualquier tipo de expresión religiosa fuera de estos parámetros se considera delictiva. La realidad es que todas las religiones en China cuentan con una sección oficial y una sección no oficial.

Para llevar a cabo este control y garantizar que las distintas religiones se adhieran a la política del PCCh el Gobierno creó las Asociaciones Patrióticas para cada una de las religiones oficiales del Estado, en el caso del catolicismo, el organismo de control se denomina Asociación Patriótica Católica China (APCCh).

Para poder cumplir con sus deberes (amor a la patria, evitar la influencia extranjera…) y hablar en público, los obispos deben unirse a la APCCh y ensalzar su objetivo que es establecer una Iglesia independiente de la Santa Sede. En teoría la pertenecía a la APCCh es voluntaria, en la práctica quien no la acepta se considera ilegal.

Este organismo pretende crear una Iglesia autónoma e independiente, inconciliable con la doctrina católica que profesa que la Iglesia es «una, Santa, católica y apostólica». La «comunión» y la «unidad» son elementos esenciales e integrales de la Iglesia católica, por tanto, un proyecto de una Iglesia independiente de la Santa Sede, es incompatible con la doctrina católica.

A su vez, este organismo obliga a las personas a asumir actitudes, realizar gestos y a adquirir compromisos que son contrarios a los dictámenes de su conciencia como católicos.

Por lo tanto, las personas que no quieren someterse a la autoridad del partido, están fuera de la legalidad y por ello, deben vivir su fe en clandestinidad. Todo esto ha causado divisiones y mucho sufrimiento.

El calvario

Los últimos años la comunidad católica china ha padecido arrestos, detenciones, sesiones de reeducación, destrucción de iglesias, prohibiciones de actividades religiosas, multas y consagraciones episcopales ilícitas. La elección del papa Francisco y el ascenso al poder del presidente Xi Jinping, considerado moderado, infundió esperanzas de cambio, pero en la práctica la situación se ha mantenido sin el menor cambio.

Sin embargo, las conversiones están creciendo de manera significativa, incluso en el seno del partido. En este sentido, algunos disidentes y activistas de derechos humanos, se están volviendo hacia la religión, especialmente hacia la cristiana. El PCCh teme que se produzca una alianza entre el activismo religioso y el activismo socio-político. A su vez, el cristianismo y el catolicismo son considerados como la «quintaesencia de Occidente», y el Vaticano y el Papa como «potencias extranjeras» que pretenden destruir China «so capa de religión».

Para asegurar el control de las religiones los departamentos de seguridad del Estado han recibido poderes más amplios para detener a sospechosos durante meses basándose en motivos de seguridad nacional, terrorismo o corrupción.

Por otro lado, los funcionarios del Gobierno no desaprovechan la ocasión para quedarse con las tierras de la Iglesia católica, expropiar, extorsionar, y especular con ellas. Los funcionarios locales, protegidos por sus cargos en el PCCh se embolsan los beneficios de negocios con propiedades de la Iglesia católica por un valor de trece mil millones de euros. El Gobierno central en los años ochenta aprobó leyes para la restitución de las propiedades confiscadas a sus legítimos dueños, pero muchos funcionarios las ignoran.

Para entender la situación actual de la Iglesia católica en China es imprescindible recordar la carta que el Santo Padre Benedicto XVI dirigió, en el año 2007, a los fieles de China en la que afirmaba que sólo hay una Iglesia y pedía muy respetuosamente que las autoridades del país garantizaran la libertad religiosa y dejaran a la Santa Sede la última palabra en el nombramiento de obispos, e invitaba a las autoridades y fieles al diálogo y a la reconciliación. La respuesta de la APCCh fue nombrar tres obispos de manera ilegítima e impedir la difusión de la carta, se produjeron arrestos y sesiones políticas de mentalización y reeducación a sacerdotes «díscolos».

La indispensable unidad

En la carta de Benedicto XVI recuerda que la unidad de la Iglesia católica se basa en una misma fe, en el Bautismo común, en la Eucaristía y en el Episcopado. La unidad del Episcopado del cual el Romano Pontífice, como sucesor de Pedro, es el fundamento de la identidad de la Iglesia católica. Para la unidad de la Iglesia, es imprescindible que cada obispo esté en comunión con los otros obispos y todos con el Papa. Corresponde únicamente el Papa el nombramiento legítimo de un obispo.

En China hay personas no ordenadas e incluso no bautizadas que controlan y toman decisiones sobre importantes cuestiones eclesiales, incluido el nombramiento de obispos.

Hay obispos que han sido ordenados sin el mandato pontificio y no han pedido la legitimación necesaria. Son obispos sometidos a la obediencia del partido. Para la doctrina de la Iglesia, son ilegítimos, y el Código de Derecho Canónico (art. 1382) establece graves sanciones, tanto para el que ordena como para el que recibe la ordenación (excomunión).

Hay otros obispos que han recibido la ordenación episcopal sin el mandato pontificio, pero que después han solicitado que se les acoja en comunión con el Papa. El Papa considerando la complejidad de la situación y la sinceridad de sus sentimientos, les ha legitimado.

Por último, hay obispos que no quieren verse sometidos al control del Gobierno, que se mantienen fieles al Santo Padre y a la doctrina de la Iglesia, y que por lo tanto, han recibido su consagración clandestinamente. Estos obispos clandestinos, no están reconocidos por el Gobierno y les esperan duras condiciones de vida e incluso la prisión o su «desaparición».

A principio de 2013, con el anuncio de la abolición del laojiao (campos de trabajos forzados para «reeducar mediante el trabajo») y la reforma del código penal, por la que la policía no puede mantener a nadie en prisión sin cargos más de seis meses, muchos católicos esperaban que sus obispos y sacerdotes, presos sin cargos, quedarían libres. Esto no ha ocurrido.

Algunos casos

Obispo James Su Zhimin. Nacido en 1932. Arrestado en Xinji en 1997. Desde entonces no se tienen noticias suyas.
Obispo Cosmas Shi Enxiang. Desde 1996 permanecía escondido hasta que lo arrestaron en Pekín en el año 2001. Desde entonces, no se tienen noticias suyas.
Padre Joseph Lu Genju. Arrestado en 2006 en la estación de tren de Baoding cuando se iba a reunir con un amigo.
Mons. Julio Jia, se resiste tenazmente a adherirse a la APCCh, por lo que ha pasado más de quince años en prisión y es arrestado de forma rutinaria, sometido a torturas y sesiones de adoctrinamiento.
El padre Zhang Guangjun (diócesis Xuanhua -Hebei) fue arrestado, recibió brutales palizas y fue torturado por negarse a unirse a la APCCh. En esta misma diócesis, más de veinte sacerdotes han sido arrestados, torturados y obligados a asistir a clases de reeducación.
El padre Ma Wuyong y el padre Liu Honggeng, detenidos en Quingyuan.
El padre Chen Hailong fue detenido cerca de Pekín, estuvo en régimen de aislamiento en un lugar desconocido, donde sufrió una desnutrición que casi acaba con su vida. El padre Chen pintó en su celda el dibujo de la Eucaristía y pasó todo el tiempo rezando delante del mismo.
Cuatro miembros de la comunidad clandestina de Heze fueron arrestados y encerrados, privados de alimentos y bebidas para obligarles a afiliarse a la APCCh. Los cuatro siguen en prisión y hasta el momento se les ha denegado todas las visitas.
El padre Wang Chengli, de la diócesis clandestina de Heze ha sido condenado a dos años de reeducación mediante el trabajo. El Gobierno no permite que reciba visitas de familiares ni de ninguna otra persona.
Monseñor Joseph Zan, obispo legítimo de Shanghai, murió bajo arresto domiciliario el 16 de marzo de 2014. Desde su nombramiento como obispo por san Juan Pablo II pasó el resto de su vida prisionero y el Gobierno nunca lo reconoció como obispo.
Monseñor Thaddeus Ma Daqin, nombrado por el Santo Padre como obispo auxiliar de Shanghai, al mismo tiempo que el Gobierno lo nombra obispo vicario de la diócesis. En el momento de su ordenación episcopal cita a Benedicto XVI y renuncia a la Asociación Patriótica Católica China. Desde entonces, las autoridades chinas lo mantienen bajo arresto domiciliario.
He comenzado describiendo la situación de la Iglesia católica en China de compleja y difícil pero también es justo añadir el adjetivo de sorprendente.
A pesar de las dificultades y restricciones, el número de fieles no ha dejado de crecer. En 1949 los católicos en China eran tres millones; ahora son doce millones. Se están produciendo muchas conversiones a la fe católica. Hay en el pueblo chino un despertar religioso. Durante años se ha impuesto la negación de Dios y el materialismo marxista, ahora hay una «gran sed de Dios».
Desde 1962 Ayuda a la Iglesia Necesitada da su apoyo a la Iglesia clandestina en China. Para mayor información www.ayudaalaiglesianecesitada.org