España, tierra del Rosario

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La advocación de María como Nuestra Señora del Rosario es una devoción muy universal, extendida desde hace siglos por todo el mundo. Y tanto su origen, con Santo Domingo de Guzmán, como su expansión, muy especialmente a través de la Orden de Predicadores tienen una honda influencia española. Con esta devoción pasa, referido a María, lo que nos dice san Juan al finalizar su evangelio: «Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir» (Jn 21:24-25).

Origen del Rosario

Santo Domingo de Guzmán nació en Caleruega, provincia de Burgos, hacia 1170. Fue ordenado sacerdote en 1194, y siendo vicario general de la diócesis de Palencia, recibe el encargo del rey Alfonso VIII de Castilla, de acompañar al obispo de Osma, monseñor Diego de Acebes, como embajador para concertar en la corte danesa las bodas del príncipe Fernando. Por este motivo realizó diversos viajes, y en ellos conoció el daño que la herejía albigense estaba haciendo en el sur de Francia (esta herejía sostenía, en pocas palabras, que la materia era creación diabólica, y por tanto mala en sí misma; Jesús no se encarnó realmente, sino que tomó un cuerpo en apariencia, y por tanto la Virgen María no fue realmente Madre de Dios)

Así, convencido de que los cátaros debían ser convertidos al catolicismo, comenzó a formar laorden de los predicadores. El papa Inocencio III, en 1206, le nombró predicador entre los cátaros, y en 1206 establece una primera casa femenina en el Prouille (Francia). Debido a la naturaleza de la herejía cátara, no nos debe extrañar que fuese la mismísima Virgen María quien se apareciese a santo Domingo para confortarle en su misión y para proporcionarle el arma más eficaz para lograr la conversión de los corazones: el Rosario. Estaba Domingo en Proulle implorando la ayuda de la Virgen, cuando María se le apareció en una capilla con el rosario en la mano, le enseñó a rezarlo y le prometió que con este instrumento muchos se convertirían. Y así fue, Santo Domingo predicó el Rosario y muchos volvieron a la fe católica. Simón de Montfort, mando del ejército cristano y amigo de santo Domingo, encarga a éste que rece el rosario y enseñe a sus soldados a rezarlo antes de la decisiva batalla de Muret. Posteriormente, Simón de Monfort atribuyó al victoria a la intercesión de la Virgen, y construyó la primera capilla dedicada a Nuestra Señora del Rosario.

Batalla de Lepanto

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la victoria de Lepanto atribuída a la intercesión de Nuestra Señora del Rosario. La Cristiandad estaba en peligro, amenazada por el imperio turco. El papa san Pío V, había formado la alianza de los cristianos, contando con España, Venecia y Génova. Juan de Austria, hermanastro del rey de España, fue nombrado generalísimo. La flota cristiana era más pequeña que la turca, pero en la nave capitana ondeaban mejores armas: la Cruz y el Rosario.

El Papa, como buen dominico, y conocedor del inmenso poder del Rosario, exhortó a toda la Cristiandad a rezarlo. Durante la batalla se hizo una procesión del Rosario en Roma para pedir por tan trascendente victoria. En un momento dado, el Papa, que conversaba con unos cardenales, de repente los dejó, se quedó con los ojos fijos mirando al cielo y dijo: «No es hora de hablar más, sino de dar gracias a Dios por la victoria que ha concedido a las armas cristianas». Este hecho fue cuidadosamente atestiguado y documentado en aquel momento y durante el proceso de canonización de Pío V.

En gratitud por la victoria, Pio V instituyó el 7 de octubre la fiesta de la Virgen de las Victorias, y añadió la letanía «Auxilio de los cristianos» a las letanías del Rosario. Dos años después, en 1573 el papa Gregorio XIII cambió el nombre de la fiesta por el de Nuestra Señora del Rosario. Otro recuerdo entrañable de esta decisiva victoria nos queda en la catedral de Barcelona:el Santo Cristo de Lepanto, que se movió para esquivar una bala de cañón, y que tanta devoción tiene en Barcelona.

Devoción popular a la Virgen del Rosario

Si el Rosario tiene las raíces españolas de su fundador, también en nuestras tierras ha actuado la Virgen de forma providencial para proteger a sus hijos. Fruto de esta protección y auxilio son tantas hermandades, cofradías, patronazgos, parroquias y mujeres que llevan su nombre en su honor.

La Virgen del Rosario es, por ejemplo, patrona de la ciudad de Cádiz: en 1730 la fiebre amarilla diezmaba la ciudad: tras invocar a la Virgen y terminar la epidemia, el regidor D. Simón Villalta propuso a la ciudad se acordase la asistencia de la misma todos los años a la función que en la iglesia de Santo Domingo se celebraba sacando la imagen del Rosario en la tarde del primer domingo de octubre, procesión que se venía celebrando de antiguo en recuerdo de la batalla de Lepanto. En la misma ciudad, ocurrió un maremoto en 1755: los padres dominicos y el pueblo sacaron la imagen de la Virgen del Rosario ante las encrespadas olas, que retrocedieron, calmándose el mar. Y, continuando en Cádiz, una imagen de la Virgen del Rosario es llamada «la Galeona» porque acompañaba a los buques de las flotas de Indias en los viajes a América.

La Coruña tienen también por patrona a la Virgen del Rosario; en mayo de 1589 la ciudad estaba asediada por un ejército inglés compuesto de ciento veinte barcos y ventitrés mil hombres. Ante tal amenaza, los componentes de la Cofradía del Rosario, cuya sede era el convento dominico, ocupado por el enemigo, hacen solemne voto por el que ofrecen sustituir los actos festivos y lúdicos de integración de los nuevos cofrades por la confesión y la comunión, y se comprometen a celebrar misas en honor de Nuestra Señora. Los ingleses, viendo que no podían salir victoriosos, prenden fuego al convento, después destruyen las imágenes de la Virgen del Rosario y de los santos que se albergaban en la capilla y al día siguiente se hacen a la mar. Esta retirada fue el motivo de que el propio concejo de la ciudad formulase a su vez otro voto recogiendo el clamor popular e interpretando el general parecer de que La Coruña se libró de la destrucción por intercesión de la Virgen del Rosario. La ciudad volvió a invocar oficialmente a su Patrona en 1809, cuando una nueva amenaza se cierne sobre ella, esta vez la invasión de los franceses. El Ayuntamiento renueva el voto en las mismas condiciones que en el siglo xvi, pero se fija el día de la fiesta el 7 de octubre, día de la Virgen del Rosario, en la capilla aledaña al convento dominico. También en esta ocasión La Coruña se libró de ser arrasada. La Virgen del Rosario, patrona de la ciudad de La Coruña, fue coronada canónicamente el 11 de septiembre de 1960 por el cardenal Quiroga Palacios, legado pontificio del papa Juan XXIII.